Sala de Prensa

20/5/2011

La editorial Gadir publica "La memoria de las hormigas", de Iolanda Batallé, en castellano

 

La primera novela de Iolanda Batallé, La memoria de las hormigas,  ha vendido más de 4.000 ejemplares en catalán. Galardonada con el premio NUEVO TALENTO FNAC en 2009. ¡AHORA EN CASTELLANO!

 

 

 

 

LA MEMORIA DE LAS HORMIGAS

 

Iolanda Batallé

Posfacio de Antonio Ferres

La primera novela de Iolanda Batallé, La memoria de las hormigas,  ha vendido más de 4.000 ejemplares en catalán.

 Galardonada con el premio NUEVO TALENTO FNAC en 2009.

 ¡AHORA EN CASTELLANO!

 La autora está disponible para entrevistas en Madrid el 2 de junio.

 

 

SINOPSIS

Joana ha dejado de perseguir el éxito y se dedica a limpiar la playa con un tractor. Mientras la máquina va trazando dibujos sobre la arena, revive de forma mágica su pasado. A través de este viaje conoceremos su iniciación amorosa, la relación con su abuela y maestra, sus conversaciones con su marido, la extraña vida de los que la rodean, así como la huella que han dejado los que ya no están. Son retales de una existencia llena de pequeñas fábulas y descubrimientos, como las hormigas que llevan a casa lo que van encontrando por el camino.

 

Una novela hecha de historias conmovedoras que nos muestran, con corazón y sabiduría, la trama del tapiz de la existencia.

 

Constantino Bértolo ha dicho sobre La memoria de las hormigas: «Esta novela es como la roja manzana que la bruja le ofrece a Blancanieves: hay en ella una ingenuidad malvada que aflora lentamente. La escritura simula transparencia, nostalgia, brillo y sin embargo transporta brío, rabia, raíces. Contiene un oráculo y habrá que estar atento para poder interpretarlo. De entre sus personajes me quedo con el de la abuela: ella es la dueña de las palabras que construyen su afilado eco narrativo».

 

REFLEXIONES SOBRE LA MEMORIA DE LAS HORMIGAS

Con La memoria de las hormigas he querido señalar el ansia que es la vida. La tractorista periodista Joana dibuja figuras en la arena, la enorme metáfora que es el mundo para el hombre, cuenta la historia de su hija niña y de su abuela. Recuerda la narradora que para ciertos africanos los niños viven a la vez en dos mundos, el mundo de los vivos y el mundo de los muertos. A mí, mientras escribía esta novela, me ocurría lo mismo.

 

He buscado que en La memoria de las hormigas cada personaje, cada frase, sea singular en el inacabado universo. La maravilla de ser únicos en un instante efímero y a la vez sin límites. En la primera entrada de "Los diarios de la abuela muerta" se habla de la satisfacción de estar viva y de participar en el gran misterio del universo.

 

Quizás, en el símbolo, las hormigas representen el deseo de vivir el presente. Hay ironía en el libro, pero siempre permanece el deseo de amar.

 

Siendo una novela tan nacida del mar, del Mediterráneo, es a la vez universal, revolucionaria, y de existir alguna ideología social es fácil encontrar una crítica a la democracia burguesa en la que dominan los aparentemente poderosos, o descubrir el deseo de una democracia dirigida por hombres capaces de enamorarse, hombres pacíficos, nacidos en cualquier lugar de la tierra.

 

Yo tenía un tractor, una voz, una historia y muchos grandes secundarios y con ello he construido La memoria de las hormigas.

 

 Iolanda Batallé Prats

 

POSFACIO

Desde el comienzo de la novela el lector entra en un mundo que es a la vez maravilloso y trágico. De la mano de la narradora, que limpia la arena de la playa con su tractor -asomados al mar- construimos la metáfora, el lenguaje, el jeroglífico, para poseer la vida, para asumir las cosas, lo que está pasando. Por eso la mujer del tractor pinta peces en la arena. De ahí el gran festejo metafórico, el gran alarde que es la novela de Iolanda Batallé.

 

En el jeroglífico, nosotros -el género humano- somos las hormigas («No pasa nada cuando una hormiga muere, quedan miles... Las hormigas viven en colonias»). Pero somos también los bonobos, que arreglan todo, o quieren arregarlo, haciendo el amor ( «Jorge, ¿crees que soy una mujer bonobo?»  pregunta la protagonista ya al final del libro. «Me gustaría volver a sentir como sentía de pequeña, con todo mi cuerpo y sin ninguna duda... Tengo tantas ganas de volverme a enamorar... ¿Qué hacemos aquí? ¿Qué estamos haciendo? Un día vendrá la muerte y tendrá mis ojos. Mientras tanto vamos haciendo experimentos, estamos a prueba»).

 

Lo sabíamos ya desde la cita inicial de Cesare Pavese: «Verrá la morte e avrá i tuoi occhi».

 

He citado estos fragmentos, porque, como en las grandes novelas, los temas capitales de La memoria de las hormigas son la muerte y el amor. Algún maestro dijo: «La muerte y el amor, es decir, la vida».

 

Mirando una fotografía de sus hijos, la narradora cuenta que los africanos creen que los niños -de muy pequeños- viven en dos mundos, el mundo de los muertos, y el de los vivos. Y sostengo que el lector que no se pare a leer despacio esta parte del relato, difícilmente entenderá la novela. Constantino Bértolo ha dicho que el lenguaje de la obra tiene una ingenuidad malvada, una sabiduría que atraviesa la nostalgia y la brillantez. Y opino que el crítico tiene razón.

 

La importancia que se concede al amor en la novela es evidente. La narradora se refiere -incluso con buen humor- a esta importancia, cuando cuenta que ya su antecesor en el trabajo de limpiar la playa, dejó su puesto por imperativo del amor. Abandonó diciendo: «Lo siento pero me sentía muerto en vida. Con Veronique me he vuelto a enamorar. Me siento vivo de nuevo. Me voy con ella. Lo siento».

 

No solo es importante el amor, sino el aprendizaje del amor. «La primera vez que hice el amor no estaba del todo convencida, pero me dejaba llevar. Pronto descubrí que no había tenido otro amante mejor» dice la protagonista hablando de Jorge. Y es que La memoria de las hormigas se presenta sobre todo como un relato iniciático, un relato que incluso busca rituales para aprender la vida. A veces, simplemente respirando, como en las enseñanzas orientales. O con un duro aprendizaje. O pensando en el mar.

 

Así, el maravilloso capítulo LA NOCHE EN QUE DORMÍ A MARÍA HACIENDO DE MAR.

 

En una madrugada, casi aún noche, en que su hija pequeña no para de llorar, la narradora cuenta que se desnuda y se tumba en el suelo, pone sobre su pecho a la niña, la acaricia, mientras imita el sonido de las olas. Así la duerme. Luego, muchos años después también su hija aprende el ritual.

 

Es el Mediterráneo, el mar cercano, donde las olas vienen de la Antigüedad pura, de diosas que tenían color y tenían mirada, lo sabemos. Pero la iniciación aparece a lo largo de toda la novela, y en otras remotas latitudes. Incluso hay notas para guiarnos en el aprendizaje: NOTAS SOBRE EL PARQUE (Para aquellos que no tenéis hijos...).

 

Mas también, a veces, el aprendizaje queda fustrado, frustrado por la muerte o por el suicidio. Y regresaremos a menudo a ese tema de la muerte. O el aprendizaje queda paralizado por el tedio, como en esos ancianos que ya no se aman, que incluso se odian, pero que no se atreven a separarse.

 

Creo que desde la educación liberal y cosmopolita que la narradora dice haber recibido de sus padres, desde ese fondo ideológico que pone el tono a la novela, y que es desde donde también proviene su educación sentimental, Joana va del Baix Empordà a múltiples y dilatados territorios. Así, escenas inquietantes y maravillosas, o episodios de deseo inalcanzable. Podía decirse que Joana llega -con todos nosotros- a la Internacional de Seres Perdidos. El relato pasa a confesión y búsqueda entrañable , y conduce al lector a seguir a la protagonista. La sigo porque le tengo amor. Y también a Iolanda Batallé.

 

«Todo pasa y todo queda», como dijo el Poeta, que cantamos todos.

 

La cotidianidad es también la cotidianidad de la muerte. Y, a mi entender, se relaciona con el relieve del tiempo, el transcurrir del tiempo en la novela. En DIARIOS DE LA ABUELA MUERTA, podemos leer : «No hay nada como el tiempo. Todo es todo. Todo es nada. Solo perdura lo que habita en nuestro pensamiento y en nuestros libros, compañeros de nuestra soledad, que nos llevan y nos dan vida».

 

Es el tiempo de los vivos y el tiempo de los muertos, como el de los niños africanos. Por eso dije que entender el relato metafórico de los niños africanos, de los niños que están entre los dos mundos, era muy importante para entender esta inconmensurable primera novela.

Antonio Ferres,

Primavera de 2011

 

CITAS SOBRE LA NOVELA

"Una sensibilidad que nos permite sentir la dulce quemazón de polvo dorado que queda entre los dedos después de haber retenido, por un instante, la verdad de lo que somos: frágiles sombras caminando con urgencia."

Ana María Moix

 

"Una voz narrativa tan extraordinaria que uno no recuerda haberla leído: recuerda haberla sentido, haber hablado con ella."

Ricard Ruiz Garzón

 

"Iolanda Batallé: una voz absolutamente nueva y refrescante en el panorama literario. La memoria de las hormigas es una novela esencialmente europea, ambiciosa y a la vez sencilla, rica en sorpresas y sentimientos. ¡Ya era hora que alguien de nuestro país escribiera un libro así!"

Francesc Miralles

"Cuando parece que sonarán violines aparece una hacha. Cuando la oscuridad intimida, de repente un baile de linternas. Batallé festeja la joya de vivir combinando maravilla y bofetada de una manera atípicamente deliciosa, como el raro placer de frotarte hielo cuando estás sudado."

Gabi Martínez

 

"Un cóctel de ternura e inteligencia que puede leerse como un manual de instrucciones para la vida. La literatura que más me interesa es aquella capaz de sacar oro del petróleo de la memoria y de la propia existencia. Exactamente esto hace Iolanda Batallé. Aquí, no me lo había encontrado nunca con tanta intensidad como en estas páginas."

Care Santos

 

"Esta novela es como la roja manzana que la bruja le ofrece a Blancanieves: hay en ella una ingenuidad malvada que aflora lentamente. La escritura simula transparencia, nostalgia, brillo y sin embargo transporta brío, rabia, raíces. Contiene un oráculo y habrá que estar atento para poder interpretarlo. De entre sus personajes me quedo con el de la abuela: ella es la dueña de las palabras que construyen su afilado eco narrativo."

Constantino Bértolo

 

"En La memoria de las hormigas, Iolanda Batallé nos regala una joya de libro, uno de esos textos que no puedes parar de subrayar y que te toca tan adentro que cuando acabas eres otro. ¡Fabuloso!"

Albert Espinosa

 

LA AUTORA

Iolanda Batallé Prats (Barcelona, 1971) es licenciada en Filología Inglesa y Master en Dirección de Empresas por ESADE y la Universidad de California Berkeley. Ha vivido en numerosos países. Actualmente reside en Barcelona. Periodista y editora, colabora desde 1990 en diversos medios escritos y audiovisuales, y es directora editorial de La Galera y profesora en la Escuela de Escritura del Ateneo Barcelonés y del Master de Edición de la Universidad Pompeu Fabra. La memoria de las hormigas, su primera novela, ha obtenido un gran éxito de crítica y público en su edición catalana. Su segundo libro, El límite exacto de nuestros cuerpos, verá la luz próximamente.

 

Para más información y/o concertar entrevistas, puedes ponerte en contacto con:

Mar Portela (630 320 441)

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